Viajar sola, más allá de un viaje, es un taller de vida. Vuelves más sabia, más libre, más humana. Son muchos los beneficios y aquí te enumero 5. Escrito por nuestra viajera Delfi Pabón.

1. Conocerás mejor qué te gusta y qué no tanto
 Cuando viajas sola no hay nadie que te diga a dónde ir o qué hacer. Eres la creadora de tu propio camino y cada día deberás tomar todas las decisiones por ti misma (sí, cuando hablo de todas me refiero a absolutamente todas). Desde qué hora despertarte, qué tomar en el desayuno, en qué ciudad pasar más días de lo previsto, o en cual pasar menos tiempo si no te has sentido cómoda, con qué personas te relacionas, si saldrás de noche o te dormirás temprano para comenzar fresca la mañana siguiente. 
 
Descubres que la soledad te lleva a una sensación de máxima libertad, ¡pero ojo! Estar sola también te hace la única responsable al momento de llevar a cabo tus propósitos. 
 
Cuando visité las ruinas de Machu Picchu, por ejemplo, sabía que se trataría de una caminata difícil y que requeriría entrenamiento, por lo que realicé una preparación física, un cuidado alimenticio y, además, me propuse no ingerir alcohol durante varios días. 
 
Al viajar sola te das cuenta de qué cosas te gusta más hacer y cuáles menos. Cuando estoy acompañada suelo buscar actividades que nos gusten a ambos. Cuando estoy sola, sin embargo, puedo pasarme una tarde entera sentada en un café devorando algún libro. También me gusta mucho tomarme tiempo para ir al supermercado. A pesar de ser una actividad cotidiana (y que mucha gente la considera aburrida y tediosa), a mí me resulta fascinante pasear por el supermercado en busca de productos que en mi país no existen y estoy dispuesta a probar.
 
2. Descubres que el mundo es un lugar mucho más hospitalario de lo que creías
Los medios de comunicación nos muestran un recorte de la realidad en la que principalmente exponen lo negativo que está sucediendo en un país. Si bien en algunas situaciones es considerado que una mujer es más vulnerable que un hombre, viajar sola tiene muchas más ventajas de lo que imaginas. 
 
Ser una mujer que viaja sola te abre muchas puertas que de lo contrario permanecerían cerradas. Te conviertes en un blanco de mayor confianza para otras mujeres y familias, haciendo más accesible hospedarte en casas de gente local (que, en muchos casos, hasta es gratuito). 
 
Lamentablemente, nos han educado con una visión distorsionada y negativa hacia lo desconocido y nos han enseñado a no aceptar nada que provenga de extraños. Cuando viajes sola verás que mucha gente se acercará para darte la bienvenida a su país, invitarte a conocer su casa y familia (sin esperar nada a cambio), o simplemente hablarán contigo por pura curiosidad. Confiar en desconocidos me hizo vivir las experiencias de viaje más maravillosas, y conocí personas que todavía, al día de hoy, considero buenos amigos. 
 
3. Te vuelves mucho más segura de ti misma y caes en la cuenta de que puedes alcanzar cualquier meta que te propongas
Viajar sola puede volverse un éxito o un fracaso rotundo dependiendo de tu voluntad para llevarlo a cabo. Y no hablo de dinero o planificación. Te darás cuenta del importante peso de tus decisiones, y que si realmente te propones algo y haces todo lo que está a tu alcance para realizarlo, sucederá. 
 
Cuando viajé por Perú quise visitar la montaña de los 7 colores, pero sabía que sería una caminata difícil (la altitud promedio sobrepasa los 5,200 metros). Yo venía sufriendo mal de altura desde hacía varios días, pero quería lograrlo con todas mis fuerzas. Me alimenté como corresponde durante días, entrené cuanto pude y el día de la caminata me levanté a las 4 de la mañana para llegar allí lo más temprano posible. 
 
Logré subir hasta el pico más alto, y ha sido lo más exigente que he hecho en mi vida. Hubo momentos en los que sentí que mis pulmones medían lo mismo que una pasa de uva, y el hecho de hacerlo sola sin poder charlar ni compartir el esfuerzo con otra persona, se hizo muy duro en ciertos momentos. Sin embargo, les recomendaría hacerlo si tienen la oportunidad. La increíble sensación de automotivación y saber que pude lograrlo sin la ayuda de nadie no tiene comparación alguna. Te darás cuenta de que, a fin de cuentas, siempre eres tú misma quien se impone las limitaciones.
 
4. Viajar no es solo para millonarios, ni necesitas haberte ganado la lotería
Para viajar no es necesario disponer de una gran cantidad de dinero para tus gastos diarios. Todo depende de cómo quieras estructurar tu viaje. He descubierto que mensualmente gasto mucho menos al vivir viajando que cuando estoy radicada en mi país (soy argentina y crecí en un barrio a las afueras de la capital de mi país, llamado Banfield).
 
Te encuentras constantemente descubriendo nuevos sitios, por lo que puedes optar por caminar en lugar de tomar transportes. Si eliges destinos económicos como el Sudeste Asiático o Latinoamérica, puedes recurrir a los mercados locales donde obtendrás productos súper frescos para preparar tus propias comidas. En lugar de ir a un bar, compra unas cervezas en el supermercado y compartes un buen momento junto a otros viajeros en el patio del hostel.  
 
5. Aprenderás el verdadero valor de las cosas materiales
Cuando vives en tu ciudad y nunca has viajado, te encuentras, de alguna u otra manera, envuelta en la vorágine consumista que te lleva a comprar sin parar cosas que no necesitas. Yo tiro la primera piedra; a todas nos ha pasado. Curiosamente, a medida que viajes, te darás cuenta de lo poco que necesitas y el verdadero valor que tienen ciertos objetos, el cual, muchas veces, es sentimental. Verás que toda tu vida cabe en una mochila, y que cuantas más cosas lleves, más pesada estará, por lo que será más difícil cargarla. 
 
Se alterará la ecuación, valorarás mucho más ciertas cosas a las que antes apenas les dabas importancia, y verás cuán superficiales son muchos de los objetos que posees.  Aprenderás que lo que realmente importa no tiene que ver con el dinero. Hospedarte en casas de gente local gratis o intercambiar una profunda conversación con alguien que te dio pon son experiencias de vida que obtendrás y que no se pueden comprar con dinero. Depende de ti seguir ahorrando para pagar la cuota de un nuevo auto, un par de botas de marca o el nuevo modelo de celular, o empezar a buscar un boleto para ese país que hace rato se encuentra en tu bucket list.
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Mi nombre es Arnaldo Santiago, puertorriqueño, amante del mundo digital, escritor por pasatiempo, productor por impulso, viajero aventurero por pasión y padre de 2 hijas maravillosas que me motivan cada día a nunca renunciar a mis sueños.

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